Hace unos años, los perezosos eran una rareza en nuestra reserva. Hoy, gracias a la regeneración del bosque y a la tranquilidad del entorno, están empezando a reaparecer entre los árboles cercanos a las habitaciones. Este avistamiento es más que una anécdota: es la prueba de que la conservación da sus frutos. Cada árbol que plantamos, cada sendero que protegemos, es una invitación para que la fauna silvestre vuelva a casa.